Capítulo 38 CAPITULO 37

HADES

Siento unas manos suaves y decididas posarse sobre mi erección rabiosa, como si supieran exactamente lo que hacen. Luego una boca cálida, húmeda, deliciosa, me cubre por completo, y una lengua endemoniada empieza a recorrerme con maestría.

Jadeo.

Jesús... ¿morí y llegué al cielo?

Mis manos...

Inicia sesión y continúa leyendo