Capítulo 54 Déjame ponerle ungüento

El cuerpo de Miranda temblaba incontrolablemente. Se inclinó, su piel suave presionándose contra las piernas calientes y duras de él. El calor intenso casi la quemaba.

—Clifton, tú...

Sus palabras fueron tragadas por los bajos gemidos del hombre y sus acciones contundentes.

Esta noche estaba des...

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