Capítulo 35

El escozor ayudaba a enmascarar las lágrimas que estaba desesperada por contener. Apreté la barandilla de metal con mi mano libre mientras la voz familiar de mi abuelo llegaba a través del teléfono.

—¿Rainey? Cariño, ¿estás ahí? Has estado muy callada.

Podía escuchar la preocupación en su voz, esa...

Inicia sesión y continúa leyendo