Capítulo 40

Punto de vista de Rainey

—¡Jesús, qué clase de suerte tengo! —dijo Sunny, y prácticamente podía escuchar cómo ponía los ojos en blanco—. Aquí estoy, preocupándome por ti, siendo todo atento y demás, y tú me ignoras por completo. Rainey, ¿no te duele el corazón aunque sea un poco?

Me quedé sin pala...

Inicia sesión y continúa leyendo