Capítulo 18

La mandíbula se me cayó, los ojos bien abiertos... Estaba empapada en agua sucia en público. Las lágrimas casi se me salieron al ver quién era. Ahí estaba Kimberly, mirándome con ojos llameantes y sus secuaces.

—¡Eso es tan gracioso!

—¡Vamos, Kimberly! ¡Eres la estrella!

—¡Eso le pasa a la Omega!...

Inicia sesión y continúa leyendo