Capítulo 57: Una declaración de arrepentimiento

La música no había cesado, y sin embargo todo se sentía más silencioso cuando Lucretius me guio lejos del pasillo.

No porque la celebración hubiera terminado, sino porque algo dentro de mí finalmente se había calmado.

Su mano nunca soltó la mía mientras avanzábamos por el pasillo hacia nuestra habit...

Inicia sesión y continúa leyendo