Capítulo 1 El encuentro.
Advertencia.
Esta historia contiene material no apto para menores de edad, incluyendo contenido sexual (+18), violencia, lenguaje inapropiado, BDSM y maltrato físico (deseado y no deseado) hacia la mujer. Se sugiere que, si es sensible a este tipo de contenido, por favor, evite leerlo.
Capítulo 1.
El Encuentro.
POV Pandora.
El rugido de mi RX-1 desgarrando el silencio, haciendo que el asfalto vibre bajo mis neumáticos como si tuviera vida propia. A mi alrededor, la neblina lo envuelve todo, transformando las farolas en orbes que golpean con fuerza mi casco. La adrenalina que recorre mi cuerpo es un incendio interno que me mantiene alerta. Es una fuga más; una noche que me promete misterio y, sobre todo, poder. Bajo el casco, dejo de ser quien el mundo espera que sea; quien mi familia espera que sea, aquí soy quien realmente deseo ser.
Mi moto brama una última vez cuando entro en el estacionamiento privado del club. Las luces de neón parpadean con una insistencia nerviosa, mientras la oscuridad de los rincones me ofrece ese anonimato que tanto me gusta. Apenas cruzo el umbral de la entrada trasera, la música me golpea como una onda de choque: rítmica, salvaje, dándome la bienvenida.
—Llegó Pandora —anuncia una de las chicas al verme pasar.
—Llegas tarde, ¡hostia! —Bella, la regente, se planta frente a mí con los brazos cruzados. Su mirada intenta ser severa, escondiendo la complicidad que solo nosotras mantenemos.— ¿Qué fue lo que te dije? Dímelo, a ver si te refresco la memoria.
—“Esta noche es especial, no llegues tarde” —recito con una sonrisa lánguida, sin molestarme en detener el paso.
—Eso, al parecer, sí lo escuchaste; pero aun así haces lo que te viene en gana.
Me detengo un segundo y ladeo la cabeza, usando ese encanto natural que sé que es mi mejor arma.
—Lo siento, Bella. Se me ha hecho tarde, ¿me perdonas?
—Si no fuera porque eres la favorita… —Ella suspira, suavizando el gesto y dándose por vencida, como siempre—. Ya te habría prohibido la entrada— Bromea, golpeando mi hombro con un choque suave. —Ve, cámbiate ya. Entras en diez minutos y hoy abres el show. No me falles.
—No lo haré.— Le guiñó un ojo a mi mejor amiga, mi mitad opuesta.
Camino hacia mi casillero con paso firme. Sin embargo, al girar en un recodo del pasillo hacia los camerinos, mi mundo se detiene en seco. Tropiezo de frente contra en pecho de un desconocido, el impacto es tan fuerte que nuestros labios se encuentran, chocando fuertemente ante el impacto, haciendo que se rosen al alejarse.
Mi cuerpo se estremece, irónico, desbordante de una mezcla eléctrica que me desequilibra, ante mi primer beso con un desconocido, que aún me sostiene entre su muro de músculos y elegancia. El impacto es sólido, y por un instante, quedo atrapada en una distancia peligrosamente íntima con un desconocido.
Al levantar mi mirada, me encuentro con unos ojos azules, intensos y magnéticos, que se clavan en los míos con una fijeza depredadora. El hombre es una obra maestra de simetría y peligro: cabello castaño oscuro, cejas perfectamente trazadas y una barba corta que enmarca una mandíbula firme. Sus 1.90 metros de estatura me hacen sentir pequeña, la marca de sus tatuajes en su cuello, su traje elegante y a medida en marcan su cuerpo musculoso y perfectamente formado, un dios griego ante mis ojos, que me hace estremecer. Ninguno de los dos retrocede o mueve un músculo, solo nos miramos, sus manos emanando un calor desbordado en mis caderas, al sujetarme con fuerza.
—Lo siento…— Logro articular, soltándome de su agarre, retrocedo.— no quise incomodarle. No lo vi —intento explicarle, tratando de recuperar el aliento y la compostura.
Silencio total, no me da respuesta, solo me mira. Su calor que antes parecía reconfortante, ahora se vuelve ajeno. Paso saliva mientras me alejo de él, mi corazón martillando con fuerza sin explicación, buscando la estabilidad que él me a robado, y es aquí donde me doy cuenta que no estamos solos, a su espalda, un grupo armado que espera cualquier reacción, lo que me deja entender que es una persona importante, así que busco mi escapé ante la mirada depredadora que me recorre por completo.
— Lo siento, ¿Me permite?— Repito, solicitando el paso, intentando minimizar la idea de que mis labios tocaron los suyos.
— Adelante.— dice, al fin con su voz gruesa, masculina, que me atrae intensamente mientras se aparta aún lado, abriéndome paso.
Al verlo moverse, sus hombres lo siguen, cinco a cada lado de la pared, me abren paso, lo que me pone un poco tensa, ante las miradas que me enfocan.
Inquieta, logro dar pasos hacia adelante, buscando una salida del entorno sofocante que me a robado la estabilidad. Camino lentamente hacia mi camerino y por un instante, solo una vez más, se me ocurre voltear a verlo. Él sigue ahí, inmóvil, frío, su mirada busca la mía y le correspondo. No puedo moverme, su mirada es como un imán que me atrae, firme, familiar, algo en él me detiene, como si tuviera control sobre mí. Por un instante, me tiene en shock, con el corazón latiendo con frenesí.
No puedo sostener su mirada, por mucho tiempo por lo que me apresuró abrir la puerta del de mi camerino y me adentro en el lugar sin mirar atrás.
¿Qué fue eso?
Mi corazón se estremece, la fuerza con la que martillea mis costillas es desconcertante. Tocó mis labios con la yema de los dedos, aún sintiendo su calor familiar, cálido, reconfortante, que me hizo estremecer. Lo he besado, aunque fue solo un roce, se ha sentido tan intenso. Mi primer beso, años viviendo en una burbuja de oro, me han alejado de las relaciones amorosas, mi vida, no me permite tener un romance, pero este hombre, este hombre solo en un instante a cruzado y roto todas mis barreras, no puedo evitar sonreír un instante porque ha sido increíble.
Ahora mi mente divaga en nuestro encuentro en ese lívido momento, y me doy cuenta que es la primera vez que lo veo aquí, ¿Quién es él? ¿Un cliente? ¿Un nuevo hombre de seguridad? Por la seguridad que traía, seguramente debe ser un cliente.
— Pandora, sales en 5.— Anuncia Bella, justo cuando termino de acomodar mi mini shorts.
— Estoy lista.
