Capítulo 2 El Lobo.
Capítulo 2.
El Lobo.
POV Arthur.
La observo alejarse, manteniendo mi expresión sería, ocultando cualquier rastro de la sacudida que sentí hace un momento. Al verla entrar en esa habitación, continuó mi camino, enfocando a mi hombre de confianza, sin detener mis pasos, cargados de la indiferencia que me caracteriza.
—¿Quién es ella? —pregunto, retomando el camino hacia mi oficina.
—Es una de las nuevas, señor, se llama Pandora. La conocerá en el escenario; ella abre la velada.— Confirma mi hombre de confianza.
No digo nada más. Me adentro a mi despacho para ponerme al día con los negocios que han seguido girando durante mi ausencia. El Club Fénix es mi reino, un lugar fundado bajo mi subdominio de los bajos mundos, “El Lobo” y mantenido con la sangre de la mafia del Reino Unido. Como hijo menor de Vincent Maglot, he vuelto tras casi dos años de ausencia, y sé perfectamente que la ciudad ya siente mi peso sobre sus hombros, ante mi presencia.
Apenas alcanzó a ponerme cómodo, cuando la música en el salón principal estalla, Summer Walker – Girls Need Love. Es el himno de la noche. Desde mi posición, escucho cómo los vítores de la multitud se mezclan con el humo del tabaco y el penetrante olor a whisky caro. Me muevo desde la sala VIP, Con un vaso de whisky puro en la mano, moviéndome hasta el palco superior desde donde apareció a la multitud, rodeando la tarima.
En el escenario, ella aparece. Se desliza por el tubo con una sensualidad que roza lo hipnótico. Viste apenas un top diminuto, una minifalda y botas de tacón que suben más allá de sus rodillas. La observo ascender por el metal con la agilidad de una experta, desafiando la gravedad, para luego descender lentamente, con las piernas al aire, antes de gatear por el suelo con movimientos felinos que me obligan a apretar el cristal del vaso, su sensualidad y la agilidad que tiene es impactante, incluso para mí, que he visto infinidades de mujeres bailar en el tubo.
De la nada, el ritmo cambia a Under the Influence de Chris Brown, el ambiente se vuelve eléctrico. Ella se mueve pegada al tubo, entregada al baile, disfrutando de la adoración que emana del público. Cada uno de sus movimientos es una provocación calculada que altera mi pulso, aunque me obligue a parecer imperturbable. Al final, cae de rodillas, agitada y triunfante, mientras la multitud ruge su nombre: “¡Pandora, Pandora!”.
En ese instante, ella levanta la vista.
Nuestras miradas se encuentran una vez más y su sonrisa se desvanece de golpe, reemplazada por una seriedad repentina. Siento un hilo invisible de tensión que se tensa entre mi palco y su escenario; una condena silenciosa que nos atrae sin remedio. Me mira fijamente, y yo a ella, hasta que uno de mis hombres, viene por mí.
— Señor, todo lo que pidió, está listo para usted.
Lo enfoco en silencio, mirando una vez más hacia el escenario ya vacío, preparándose para él siguiente show.
— Bien, llama a Vanessa, quiero hablar con ella, antes de conocer a las nuevas.
— Cómo ordene señor.
Me adentro a la oficina, notando los libros de expedientes sobre la mesa, registros contables, cada cifra manejada hasta los últimos minutos de mi llegada están aquí, años de trabajo que voy a verificar meticulosamente, no por la falta de dinero, sino, con el fin de hacerme respetar.
— Permiso. — Vanessa se anuncia.
— Adelante.— digo, cerrando el libro de contabilidad.
— Señor, me mandó a llamar.
— Si, quiero hablar contigo sobre las nuevas chicas que has admitido.
— Por supuesto señor, Catalina es una costeña de Colombia, es prima de Rocío y ya sabe a qué nos dedicamos y no está renuente al ofició, Marbella, es de Boston, llegó a nosotros por una referencia de una amiga y desde entonces se a portado bien, sabe lo que debe hacer, y aprecia nuestro trabajo, ya que antes trabajaba en un burdel, por eso se esfuerza más que las otras.
— Solo me has nombrado dos, pero yo veo a una tercera chica, Pandora, veo aquí en la hoja su seudónimo, pero ninguna información real de ella.
— Ella… señor, es una amiga, la conozco hace años, solo que hasta hace unos meses hablé con ella sobre este lugar, ella… ella tiene una vida complicada, es hija de una persona de élite, por eso no nos ha proporcionado su información real, vive aquí en Washington DC, tiene 20 años, y es una excelente bailarina, señor, pero ella no folla con nadie.
— ¡No folla con nadie!— Me levanto intrigado por la noticia.— ¿Acaso no sabe de lo que trata este club?
— Lo sabe, señor, le informe que somos una empresa de damas de compañía con servicios especiales, le informe que muchas de las chicas se quedan en el club animando a los clientes, pero que también hacen servicios especiales y otras, simplemente hacen servicios especiales, pero ella solo ha venido a bailar señor, en todo esté tiempo, ella no a cobrado el salario que ofrecemos, sus servicios son gratis…— La interrumpo.
— ¿Gratis? ¿Quién hace algo de a gratis en estos tiempos?
— Señor, lo que pasa es que ella solo viene para divertirse, su única condición es que no se involucre en los asuntos de los servicios privados, ella viene solo a bailar, y mire lo bien que lo hace, es excelente en el escenario y mantiene al público activo, hace que gasten y consuman más de 4000 mil dólares en una noche, un grupo o un cliente, solo por verla, ella no cobra señor y da un show que enloquece a todos.
— Ya veo, ¡y crees que por eso debo dejar que se quede!
— Si señor, créame que llevamos 9 meses trabajando con ella y ha valido la pena, lo hemos hecho bien, señor, sin problema alguno, le pido, le de una oportunidad, le aseguro no se arrepentirá.
Me mantengo en silencio y me siento una vez más en mi silla.
— Muy bien, tráela ante mí, quiero conocerla. Dile a las otras que pasen, veremos si me convencen de quedarse.
— Cómo ordene, señor.
Bella sale, y en pocos minutos, aparece una rubia de ojos color miel, empiezo mi entrevista, conocer a cada miembro de mi equipo de trabajo me previene de caer en cualquier trampa o circunstancias imprevistas, por eso me gusta mantener el control total, de todo a mí alrededor, después de todo, mi cabeza pende de un hilo, solo me cuido de que nadie lo corte.
Toque de la puerta.
— Adelante— digo y ella aparece.
— Permiso señ…— Ella se detiene en medio de la entrada, sorprendida al verme.—¿¡Es usted!?
