Desmoronándose por dentro

Bajé la mirada al suelo y apreté los dedos contra el borde del libro. No encontraba las palabras para responder. ¿Cómo iba a hacerlo? El dolor en mi pecho creció, demasiado inmenso, demasiado a flor de piel.

—Sabes —continuó, ahora con voz más suave—, todavía soy nuevo en todo esto, pero... no creo...

Inicia sesión y continúa leyendo