Su alma rota

—¿No estás enojado conmigo? —pregunté, sin aliento mientras dábamos vueltas el uno frente al otro.

Él sonrió de medio lado, con movimientos relajados pero calculadores.

—¿Por qué estaría enojado contigo?

No tuve tiempo de responder antes de que arrojara el palo a un lado, avanzando con una segurid...

Inicia sesión y continúa leyendo