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—¡Date prisa, Ian, me siento sucia!—gritó Kimberly en la sala, esperando a que Ian bajara para acompañarla al lago y darse un baño.

—¡Voy, princesa!—respondió Ian. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Kimberly al escuchar el apodo cariñoso.

Ian apareció en pocos minutos vestido con una ca...

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