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Kimberly e Ian regresaron a la cabaña tomados de la mano. Ella no podía ocultar el rubor en su rostro porque Ian no dejaba de molestarla en el camino de vuelta.

—¡Veo que ustedes dos se lo pasaron bien! —Leo los molestó con una sonrisa traviesa en su rostro.

—Podrías haberte unido a nosotros si no...

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