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CAPÍTULO 2
Kimberley estaba agotada cuando terminó su turno, pero lo que la mantenía en pie era el hecho de que Ian regresaba ese día, y sería ella quien iría a recogerlo a la Base Naval, que quedaba a una hora y media en auto del hospital; una responsabilidad que había estado esperando con ilusión pese a lo cansada que se sentía.
Mirando la carta de permiso en sus manos, no pudo evitar sonreír para sí. Sus dedos sostenían el papel con suavidad, como si significara algo más que solo autorización para ausentarse del trabajo. Tendría a su prometido solo para ella durante las próximas dos semanas, sin tener que preocuparse por nada relacionado con su empleo. Tan solo pensar en tener a su prometido de vuelta después de más de medio año separados hizo que su sonrisa se ensanchara, y la emoción fue creciendo lentamente en su interior. Se sentía con ganas de chillar como una adolescente, pero se contuvo para no llamar una atención innecesaria, sobre todo en un entorno tan profesional como ese.
Decidió no perder más tiempo soñando despierta con Ian y ordenó su escritorio, ya que su turno había terminado y tenía un viaje largo por delante, obligándose a concentrarse en el presente. Cuando terminó de arreglar todo, salió de su oficina, echando una última mirada alrededor antes de cruzar la puerta.
—Hola, Kim —la llamó un colega, y su voz la detuvo a mitad de paso.
Era el doctor Kingston, un neurocirujano como ella, pero con más experiencia, ya que era ocho años mayor y llevaba más tiempo trabajando en el hospital; alguien con quien estaba bastante familiarizada.
—Hola, Blake.
—Escuché que te dieron un permiso. ¿Pasa algo?
Kimberley se preguntó cómo se había enterado. Qué rápido se corren las noticias. Ni siquiera habían pasado veinticuatro horas y ya estaban al tanto de su permiso, algo que le pareció a la vez sorprendente y ligeramente divertido.
—No, para nada… solo que, no sé, necesito un descanso —respondió, sin querer entrar en detalles personales, manteniendo un tono ligero y casual.
Kimberley notó que Blake se ponía nervioso de repente y se frotaba la nuca, un hábito que ella había aprendido a reconocer.
—Eh… ¿Estás segura de que es solo un descanso? Sabes que puedo ayudar si pasa algo.
Ah, conque por eso se había puesto nervioso. No pudo evitar sonreír ante su cortesía y su disposición a ayudarla si tuviera algún problema; lo encontró amable y un poco innecesario. Aun así, no le sorprendía, porque meses atrás había percibido que él sentía algo por ella. Aunque ella había intentado dejarle claro en varias ocasiones, cuando conversaban, que ya estaba comprometida, Blake no parecía captar el mensaje… o quizá sí, pero aun así se aferraba, por si acaso algo salía mal en algún momento, cosa que ella dudaba que fuera a ocurrir jamás.
Kimberley a veces siente lástima por él, mientras que otras veces le dan ganas de gritarle que la deje en paz, pero eso heriría sus sentimientos y no la educaron para comportarse de esa manera, sin importar cómo se sintiera. Su papá se decepcionaría de ella si alguna vez se enterara de que fue grosera con alguien, y eso por sí solo bastaba para mantenerla a raya.
—Créeme, Blake. No es nada —respondió con una sonrisa educada, esperando que eso fuera suficiente para tranquilizarlo.
—Pero dos semanas es bastante tiempo para que no sea nada, considerando el tipo de persona que eres… Sin ofender —dijo Blake, sonando confundido y preocupado a la vez, claramente sin estar convencido.
—Me alegra saber que puedo contar contigo si algo sale mal. Pero créeme, necesito este descanso. Volveré antes de que te des cuenta —dijo con calma, manteniendo sus palabras firmes, pero aún suaves.
—Lo dudo, porque tu presencia aquí se nota muchísimo y se necesita.
—La tuya también… Tengo que irme ahora porque necesito hacer unos mandados antes de ir a casa y en este momento tengo sueño —dijo Kimberley, intentando terminar la conversación para poder salir del hospital y llegar a tiempo para recoger a Ian; el cansancio empezaba a alcanzarla.
—E-está bien. Lo siento, te quité algo de tu tiempo —se disculpó, dando un pequeño paso atrás.
—No pasa nada. Cuídate.
Le dio un beso rápido en la mejilla, haciendo que él se sonrojara un poco. Ella no tenía idea de que su pequeño gesto pudiera provocarle eso y no le dio importancia cuando se apartó.
—Adiós —dijo él, lo bastante fuerte para que ella lo oyera mientras se alejaba y se dirigía al elevador; Kimberley se despidió con la mano antes de que el elevador se cerrara, las puertas deslizándose y quedando entre ambos.
Kimberley salió del hospital y se dirigió al estacionamiento; el aire fresco la rozó con suavidad en cuanto salió. Vio su sedán Toyota Camry blanco y lo abrió con el control, soltando un suspiro pesado al subir al auto y permitirse por fin un breve momento para relajarse.
Estaba emocionada por ver a Ian, pero al mismo tiempo ansiosa; esas emociones mezcladas se le asentaron en silencio. ¿Iba a estar él tan emocionado como ella cuando la viera? ¿Su relación seguiría teniendo la misma chispa que antes? ¿Por qué estaba teniendo estos pensamientos tan estúpidos? se preguntó, un poco frustrada consigo misma. Ian es su prometido, que está locamente enamorado de ella, entonces ¿por qué de pronto se sentía insegura? Apartó esa sensación y decidió ir a comer algo antes de ir a la Base Naval, eligiendo no darle más vueltas.
