Capítulo 11 Tienes que creer en ti mismo

No se inmutó, no se enfureció. En su lugar, Isabella se agachó lentamente, recogiendo la porcelana rota del suelo. Los bordes afilados le cortaban las yemas de los dedos, dibujando finas líneas de sangre, pero no sentía nada.

Estaba bien. Beatrice le había dicho que siguiera viviendo. Mientras sigu...

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