Capítulo 68 Déjame matarlo

William no se movió. Thomas no se movió.

Isabella se quedó congelada, sus ojos abiertos de terror.

Nadie jamás se había atrevido a ponerle una mano encima a William. Nadie jamás le había dado un golpe.

Y eso solo significaba una cosa: una sentencia de muerte.

William era el heredero de un imperi...

Inicia sesión y continúa leyendo