Capítulo 83 Por qué disculparse con el asesino

Las yemas de los dedos de William se deslizaron perezosamente a lo largo de la longitud vendada de su brazo. El toque era ligero, casi casual, pero la atravesaba como una hoja de hielo. El cuerpo de Isabella se estremeció involuntariamente.

—Bien —murmuró él, su voz carente de calidez—. Juniper ha ...

Inicia sesión y continúa leyendo