Capítulo 57 ¡Eres una diosa!

Antonella:

Pongo los brazos detrás de la cabeza, y ahí me quedo, mirando hacia el cielo, pensando en Cinnia, en los deseos que tengo de contarle lo que estoy viviendo, en las ganas de escuchar su grito de horror, para después felicitarme por estar con tremendo papacito.

—¿Vino a correr o a tirarse...

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