Terrorismo amenazante

Afortunadamente, escucho pasos en la puerta y el chirrido de una llave en la cerradura. ¡Sí, maldita sea, vengan a buscarme, papis!, pienso. Con una sonrisa secreta, estiro ambas manos hacia atrás y separo mis nalgas, revelando mis pliegues brillantes e hinchados. Oh, Dios, no puedo esperar. Pero cu...

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