Capítulo 3 capitulo 3
<Pero si para eso no la habían contratado>, nunca había hecho ese tipo de mandados a ninguno de los dueños. Su jefe debía estar bien cabreado como para pedirle un favor como ese.
—Vaya, usted ya sabe dónde suelo comprar mis trajes —Le tiende una tarjeta dorada —. Ellos ya saben qué hacer con ella, elija un buen traje. Y hágalo rápido —Ordena.
< ¡¿Un traje?! Pero si no sé nada de trajes> no obstante, eso era algo que no podía decir delante de sus dos jefes.
Ella toma la tarjeta de su jefe por primera vez en su vida y siente como si le estuvieran otorgando demasiado poder.
—Me gusta el color negro —Riley añade poniéndose en pie —. En esa sastrería conocen mis gustos y están al tanto de mi talla, no le será difícil encontrar uno perfecto.
El hombre ingresa en la oficina de su jefe, dejándola a ella a solas con Héctor. Seguía atónita por la petición de ambos, eran unos hijos de putas, explotadores y mandones.
—Señorita Jones, dese prisa.
El otro le dice para seguir a su hermano… Gala, pestañea varias veces, luego mira su mano fijándose en la tarjeta y suspira pensando que no haría ella con esa tarjeta.
La ida a la sastrería término siendo espantoso, a duras penas Gala encontró un traje que se ajustara a las exigencias del hermano de su jefe. Y con las prisas a todo dar, logro regresar a la empresa con el traje nuevo y el resto de las cosas que le pidieron.
Después de entregar el mandado, corrió hacia la sala de juntas para finiquitar los últimos detalles para la reunión… terminando de dar las instrucciones, la pelirroja escucha una voz que conocía muy poco, pero estaba al tanto de quien se trataba la persona.
—¡Buenos días, señorita!
Ella se da la vuelta para observar a un hombre de baja estatura, con el cabello casi cano, bigotes blancos y en su mano llevaba un bastón, el cual servía de apoyo para sostener todo su peso. El hombre iba ataviado por un fino traje, de esos como los que utilizaba su jefe. Se preguntó si todos los Couper compraban sus trajes en el mismo sitio.
—Buenos días, señor Couper —Lo saluda con una sonrisa gentil.
—¿Dónde están mis nietos?
—En la oficina del señor Héctor.
—¿Riley está aquí?
—Sí, señor.
—Muy bien, en ese caso los iré a ver a la oficina. Dejaré que termine aquí.
El corazón de Gala latía con fuerza, aún no sabía cómo es que no le había dado un infarto por tantas emociones para un solo día. Parecía como si estuviera montada en una montaña rusa, en sus 6 años, únicamente había visto al señor Jacob 2 veces. Y esas veces que asistió a las juntas, las cosas no terminaron bien.
Contaba con que no se armara un problema en esa oportunidad, aquella reunión era muy importante para su jefe. Llevaba meses programándola, si algo salía mal no se lo quería ni imaginar. De solo pensarlo, todos los vellos de su cuerpo se le erizaban.
Gala, culmino con los últimos detalles, quedando satisfecha con los resultados. En eso algunos de los invitados empezaron a llegar y ella comenzó atenderlos hasta que su jefe hiciera acto de presencia.
[…]
—Tu secretaria ha elegido un buen traje, no me quejo —Riley le dice a su hermano una vez que sale del cuarto del baño.
—Cállate Riley, ¿no tienes nada mejor que decir? —Héctor lo regaña mientras recogía algunas cosas de su escritorio —. Prepárate para la reunión —Golpea una carpeta contra su pecho —. Lee.
—Vamos Héctor, sabes que esto no es lo mío —Añade abriendo la misma mientras que fruncía el ceño.
—No me cabrees Riley, mucho he hecho por ti últimamente. Así que no me jodas la paciencia y estúdiate ese informe.
El castaño rueda los ojos, se tumba en un sofá para leer aquel montón de datos tan aburridos. Pero según su hermano era necesario, si tan solo no estuviera involucrado en esa maldita situación, en esos momentos estaría metido en la cama con una bella mujer.
De pronto la puerta de la oficina se abre y por esta aparece Jacob, de inmediato Riley se pone en pie tirando la carpeta a un lado.
—¡Abuelo! —Lo saluda con sorpresa.
—¿Qué pasa? ¿Acaso creíste que no vendría? —Dice el viejo ingresando en la oficina.
—Hola, abuelo —Lo saluda Héctor con seriedad —. Qué bueno que ya has llegado.
—Hola muchacho, ¿todo está listo?
—Sí, ya podemos comenzar.
—Estoy impaciente —Le responde con un tono de voz que llamo la atención de sus nietos.
Para cuando todos estaban reunidos en la sala de juntas, los Couper ingresaron en la misma… Gala, observo a su jefe en compañía de su hermano y abuelo y sintió un poco de pánico. Ella conocía muy bien a su jefe, sabía que estaba estresado y algo incómodo con la presencia del abuelo.
Contaba con que todo saliera bien, al menos esa vez…
Unas largas y tediosas horas después, la reunión culmino siendo todo un éxito. Jacob Couper pareció quedar conforme con los avances de la compañía, con las expansiones que Héctor y Riley tenían planificado en hacer, pero sobre todo con los ingresos obtenidos en lo largo de todo el año.
Las piernas de Gala seguían temblando, pero al menos ya todo había terminado. Ella miró su reloj, y no se pudo creer que la reunión se tomara casi todo el día. Esperaba con que todos se marcharan lo antes posible para poder recoger todo y le diera tiempo de irse con minutos de sobra.
—He quedado satisfecho, muchachos.
—Gracias abuelo —Héctor agradece sinceramente.
—¿Volverás a Grecia esta noche? Puedes quedarte en mi casa si gustas, abuelo —Sugiere el nieto mayor.
—Me parece buena idea, estoy muy cansado para regresar a casa.
—Dispón de mi chófer, te llevará a casa en cualquier momento.
—Primero necesito hablar con ustedes dos —Advierte en tono severo —. Los espero en la oficina.
El viejo se marcha dejando a sus nietos pensativos, ambos se miran como intentando descifrar lo que su abuelo quería decirles. Desafortunadamente, nada le venía a la cabeza.
Poco a poco despidieron al resto de los inversionistas, dejando la sala completamente vacía, bueno, excepto por la secretaria, quien recogía las cosas un tanto apurada. Héctor, detecto su apuro y sintió curiosidad por él, aún faltaba media hora para la salida. ¿Pensaba escaparse antes?
—Vamos a ir a ver al abuelo, ya debe estar desesperado —La voz de su hermano lo saco de sus cavilaciones.
—Sí, vamos de una vez —Ambos miran a la pelirroja —. Señorita Jones, termine de organizar todo.
—No se preocupe, señor. Yo me ocupo de todo —Contesta sin mirarlos.
