Capítulo 4 capitulo 4

No más los hermanos entraron en la oficina de Héctor, visualizaron a su abuelo sentado en el sofá bebiendo una taza con café.

—Ya estamos aquí, abuelo. Tú dirás —Héctor se sienta en su sillón y Riley en una de las sillas.

—Bueno, primero diré que estoy bastante sorprendido de verte aquí Riley. La verdad es que creí que no asistirías. Asumo que tuviste que tomar un largo viaje para poder llegar a la compañía a primera hora. 

—No, abuelo… no es…

—Silencio —Lo calla —. No le mientras a un viejo zorro —El hombre saca un pedazo de periódico de su saco y se lo tira en la cara —. Yo sé los movimientos de mis nietos, y tú no eres una excepción.

El CEO toma el periódico dándole la vuelta y lo primero que ve es su rostro en la primera plana. Se encontraba metido en ese club que solía frecuentar, con aquella morena que había dejado tirada en aquel hotel. Ambos estaban en una situación bastante comprometedora.

—Asumo que esa jovencita no es nada importante para ti, supongo que no la volverás a ver.

—No, señor —Héctor rueda los ojos para luego picarse el puente de la nariz, su hermano era un imbécil.

—Eso pensé.

—Abuelo, puedo explicarte lo que paso.

—No vas a explicarme nada, has tomado el jet para poder llegar a tiempo. Y a juzgar por esas ojeras que cargas es más que obvio que la pasaste muy bien anoche. Pero eso no me importa a estas alturas, eres un hombre de 35 años, y no debo decirte a quien debes llevarte a la cama.

Riley observa a su abuelo atónito, luego mira a su hermano por el rabillo del ojo, quien también lo estaba observando. Esa reacción no era normal en Jacob, y dado que no era usual, pues, la situación no pintaba nada bien.

—Bueno, lo que pasa es que…

—Lo que acontece aquí es que ya estoy cansado de tu comportamiento tan inmaduro, Riley. No puedo entender cómo es que le dejas toda la responsabilidad a tu hermano, aun sabiendo que esta compañía es de ambos. 

—Abuelo…

—No digas nada, porque ya no te quiero oír más. Y tú Héctor, me tienes muy decepcionado —El CEO levanta la mirada —. Le encubres las vagabunderías a tu hermano, y le permites que deje toda la responsabilidad de la empresa sobre tus hombros. Eso es decepcionante de ti, siendo el mayor de ambos, es cuando debes poner en el camino correcto a tu hermano. Pero no tapándole las marramuncias que hace a diario, si crees que es lo correcto estás muy equivocado muchacho.

Héctor mantiene la mirada fija en su abuelo. Aunque le costará mucho admitirlo, el viejo tenía mucha razón. Le tapaba las fallas a su hermano, en vez de corregirlas, no lo hacía. Ahora estaba pagando por su error. Decepcionar a su abuelo no era lo que precisamente quería que pasase. Desde luego que Riley le daba igual si lo desilusionada o no, pero para él, era importante tener la aprobación de su abuelo. 

Jacob era más que un abuelo para él, era como un padre. Su abuelo hizo el trabajo que no hizo su papá, todo el cariño de su padre era para Riley. Y por esa razón, su hermano era como era. Simplemente, siguió el camino de su padre, por esa razón, su madre abandono a ambos chicos cuando eran unos niños pequeños. Las infidelidades de su padre eran tan abrumadoras que su madre no lo soporto, pero en vez de llevarse a sus hijos, ella optó por dejarlos a su suerte.

—No me voy a excusar abuelo, pero Riley ya es mayor de edad. No puedo estar detrás de él cada dos por tres para hacerlo entrar en razón. Recuerda que yo también tengo mi propia vida.

—Eso puedo entenderlo perfectamente, y es por esa razón que he venido el día de hoy.

Los hermanos fruncieron el ceño al mismo tiempo, ya ellos estaban al tanto de que cuando su abuelo asistía a las juntas era porque les daría ciertas órdenes que nadie el mundo podría hacerlo cambiar de parecer. 

—¿Qué es lo que quieres hacer, abuelo? —Interroga el mayor severamente intrigado.

—Será algo muy fácil, no será beneficioso para ninguno de los dos. ¡Claro! Si logran conseguirlo, entonces, nadie saldrá perdiendo aquí —El viejo sonríe.

—¿Qué tramas, abuelo? —En esa oportunidad fue Riley quien preguntó.

Jacob empuñó la punta de su bastón al mirar a sus nietos, eran unos hombres hechos y derechos. Exitosos y tiburones para los negocios, bueno, al menos Héctor lo era. Pero lo que era Riley no le gustaba, el chico no agarraba escarmiento y todo gracias a su hijo. Había dañado terriblemente a su nieto, pero él pensaba solucionar ese asunto. 

Contaba con que su método sirviera de algo, si esa presión que les impondría a ambos hermanos no funcionaba, entonces ya no sabía que otra cosa podría hacer.

—Riley, tienes que casarte —Suelta de la nada, lo que provoca que el CEO abriera los ojos más de la cuenta.

—¡¿Qué?!

—Lo que has escuchado, te casaras.

—Abuelo, ¿Qué estás diciendo? —Fue Héctor quien intervino por su hermano que parecía estar en trance. 

—Bueno, he pensado seriamente que lo que le falta a este muchacho es una esposa que lo haga entrar en razón. Que lo ayude a sentar cabeza, de esa manera dejara esas parrandas con mujeres distintas cada noche.

Riley no asumía lo que estaba escuchando, quizás era producto de tantas fiestas a las que había asistido. Así que, no soporto la agonía de saber si era un sueño o realidad y termino por ponerse en pie.

—¿Qué sandeces estás diciendo abuelo? ¿Cómo que casarme? 

—¡Riley! —Héctor también se puso en pie.

—No, no, no me digas absolutamente nada. Él tiene que explicar que es lo que está diciendo, no comprendo que es todo este show del matrimonio —Espeta furioso.

—No estoy jugando, tú te casaras, y sentaras cabeza —Exige el viejo.

—No me puedes obligar a casarme con una mujer que no deseo, abuelo. Hagas lo que hagas, no conseguirás que me case.

—¡Oh, claro que sí! —Añade muy seguro el viejo.

Esa era la parte que a Héctor no le agradaba, la amenaza escondida entre las palabras amables de su abuelo. Riley no lo conocía tanto como él, estaba completamente seguro que eso no era todo lo que Jacob quería de ellos. Y por lo que podía intuir, él estaba hasta el fondo en aquel problema.

—No veo como —El CEO, se cruza de brazos demostrando dominación en la conversación.

—Si no te casas dentro de un mes con una buena mujer, desheredaré a tu hermano. Le quitaré el mandato que tiene en la empresa, ya no será el presidente y desde luego que, tú tampoco lo serás. Ambos se quedarán sin nada, y vivirán de sus propios negocios, creo que sería buena noticia para las revistas a las que tanto posas. Estoy seguro de que cuando ellos se enteren de que llevaste a la ruina a tu propio hermano, serás muy famoso mi querido nieto.

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