Capítulo 57 Sin cuerpo no hay entierro

Cian

En cuanto salgo por la puerta de Dorian, el sonido de la aldea se me viene encima. Las voces se mueven por la caverna en oleadas, y me quedo quieto un momento, empapándome de las risas que se quiebran y se enganchan en las lágrimas. Durante dieciocho años imaginé silencio, ceniza, caminos...

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