Capítulo 66 No hay piedad para las moscas

El rostro de Austin se oscureció, las sombras en sus facciones se profundizaron hasta que sus ojos no eran más que brasas ardientes. Su boca se apretó en una línea delgada e implacable, y cuando habló, las palabras salieron como si fueran forzadas a través de dientes apretados.

—Olivia... ¿es ciert...

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