Capítulo 3 3

Me encontraba en mi cuarto leyendo un libro; la señal no funcionaba, así que era lo único que podía hacer. El huracán había dejado la isla medio incomunicada y, a decir verdad, todavía me daba miedo mirar por la ventana con la tormenta de anoche todavía fresca en la memoria.

Escucho un golpe en la puerta y bajo el libro.

—¿Sí? —pregunto, mirando hacia la puerta. Esta se abre y aparece Nancy, con unas bolsas en las manos.

—¿Qué haces despierta tan temprano, cariño? —pregunta, y doy un pequeño salto por el susto.

—Diablos, Nancy —susurro fulminándola con la mirada—. Guarda silencio, no quiero que hasta China se entere que estoy despierta.

—Si lo que te preocupa es tu padre, él no está en casa —dice, dejando las bolsas en la mesa. Suspiro aliviada.

—Qué bueno —digo, terminando de comer mi cereal con leche mientras trato de no hacer ruido para que ninguno de los trabajadores de papá aparezca de repente y me regañe.

—Escuché que ayer en la fiesta hubo un chico con un arma —comenta mientras guarda las bolsas y me mira fijamente.

—¿En serio? —pregunto, fingiendo sorpresa.

Nancy pone las manos en la cintura y me observa. Diablos, me conoce demasiado bien.

—Sí —ruedo los ojos y apoyo la cabeza en mi mano—. Fue JB. No tengo idea de dónde diablos sacó un arma.

—JB es un buen chico, pero a veces no tiene la misma suerte que los demás —dice Nancy—. A veces me ayuda con las cosas pesadas de la casa.

—Mmm… —asiento, mirándola—. Parece buen chico.

Ella me lanza una mirada que deja claro que captó el sarcasmo.

—Tengo cosas que hacer —me pongo de pie y tomo mis cosas—. Si papá pregunta por mí, dile que fui a casa de Cassie, ¿sí?

—¿Y a dónde vas realmente? —pregunta.

—Es mejor que ni lo sepas —digo antes de salir de la casa.

A veces hago cosas y tomo decisiones sin pensarlo. Esta es una de esas.

Me subo al auto y conduzco hacia el otro lado de la isla. Paso con cuidado, asegurándome de que ninguno de los hombres de papá me reconozca; de lo contrario, me metería en problemas. La adrenalina corre por mis venas, pero intento mantener la calma, respirando hondo y repitiéndome a mí misma que nada de esto es demasiado peligroso.

Al llegar, detengo el auto fuera del lugar. Aún recuerdo dónde vive. Bajo y me encuentro con la sheriff Peterkin.

—Hola, Violet —me saluda con una sonrisa—. ¿Qué hace una chica como tú por aquí?

Me detengo en el umbral y me vuelvo hacia ella.

—Damian también trabaja en el yate de papá. Necesito que haga algo —miento, sonriéndole.

—Que tengas un buen día —dice antes de subir a su patrulla.

Abro la puerta de la cabaña y entro. El olor a madera húmeda y café recién hecho llena el lugar.

—Parece que estás metido en un buen lío —digo, cruzando los brazos mientras observo la cabaña, tratando de no mostrar nerviosismo.

—¿Violet? ¿Qué haces aquí? —pregunta Damian, frunciendo el ceño.

—Bueno… —me siento en el brazo del sillón—. Aunque no lo creas, estaba preocupada por lo de anoche. ¿Estás bien?

—Sí, no fue nada —se levanta—. Solo tengo esto.

Señala su ojo morado.

—Nada mal —sonrío, poniéndome de pie—. Tengo que admitirlo, Topper se pasó, pero nada fue tan loco como JB con un arma.

—Sí, una noche bastante loca —asiente mientras camina por la cabaña—. Dile a Topper que esto no va a quedar así.

—Creo que ya es suficiente de esta pelea —camino hacia la puerta, pero me volteo antes de salir—. Cuídate, Damian, ¿sí? Y si necesitas ayuda o algo, no dudes en buscarme. Piensa que esto es una alucinación, pero lo digo en serio. Ahora me voy a beber mi jugo de arándano de todos los días.

Salgo y subo al auto, conduciendo hasta la cafetería que queda a unas cuadras. Al llegar, bajo y entro. El lugar tiene un ambiente tranquilo, con luz suave y mesas de madera que crujen bajo el peso de tazas de café y vasos de jugo. Espero mi turno, ordeno mi jugo y luego me siento afuera, bajo el calor suave de la mañana. Reviso mi teléfono, que todavía no tiene señal.

Alguien se sienta frente a mí.

—¿Damian? —pregunta JB, frunciendo el ceño y apoyándose sobre la mesa.

—Hola, princesa del baile —digo con una sonrisa irónica, aunque por dentro siento un nudo de tensión.

—Bueno… sé que es apresurado, pero dijiste que necesitabas ayuda. ¿Podrías ayudarme? Lo necesito —dice, con un dejo de ansiedad que no esperaba de él.

—¿Está de acuerdo con eso el chico arma? —pregunto, mirando alrededor, asegurándome de que nadie nos escuche.

—No me agrada mucho la idea —dice JB—, pero es lo que nos queda.

—Bueno —me pongo de pie—. Veamos qué puedo hacer.

Salimos de la cafetería y nos alejamos unos pasos del lugar, bajando la voz mientras hablamos. JB me explica lo que pasó: Topper estaba fuera de control, atacando a Damian, y nadie parecía poder detenerlo. El hecho de que JB haya sacado un arma me deja en shock, pero entiendo que lo hizo para proteger a todos.

—Esto se está saliendo de control —digo, frunciendo el ceño—. Necesitamos un plan antes de que alguien salga herido de verdad.

—Lo sé —asiente JB—. Damian está herido, y Topper no se detendrá hasta que alguien lo enfrente.

—Perfecto, entonces nosotros somos los que tenemos que detenerlo —respondo, con determinación—. No podemos dejar que vuelva a pasar lo de la fiesta.

JB me observa unos segundos, evaluando si puede confiar en mí. Finalmente asiente.

—Bien —dice—. Necesitaremos equipo y un poco de discreción. Topper no sabe que estoy hablando contigo.

—Lo entiendo —respondo—. No podemos permitir que nadie se entere, ni siquiera papá.

Caminamos hacia un callejón cercano y me susurra los detalles del plan: primero necesitamos distraer a Topper, luego asegurarnos de que Damian pueda moverse sin riesgo y finalmente conseguir que JB guarde el arma de manera segura. Todo esto mientras nadie más se meta en problemas.

—Suena simple —comento, intentando sonar relajada, aunque mi corazón late con fuerza.

—Simple… si no fuera por la locura de Topper —dice JB, con una risa seca—. Pero confío en que puedes manejarlo.

—Confías demasiado en mí —susurro, mientras observo el horizonte y la playa al fondo—. Espero no decepcionarte.

Nos ponemos en movimiento, caminando rápido hacia el lugar donde se esconde Topper. Cada paso es calculado; el viento nos trae el olor del mar y el sonido de las olas, mezclado con el murmullo de la fiesta que aún sigue lejos.

—Recuerda —dice JB mientras revisa su arma por última vez—. No disparar a menos que sea estrictamente necesario. Solo queremos asustarlo, no matarlo.

Asiento y aprieto los puños. Sé que esta noche no será fácil, pero algo en mí se siente viva, con adrenalina y nervios, y por primera vez en días, siento que puedo tomar control de algo sin que papá, Topper o cualquier otra persona lo arruine.

Llegamos al borde del muelle donde Topper suele aparecer. Damian está un poco más allá, mirando con ojos cansados pero alerta.

—Todo listo —susurro—. Vamos a hacerlo rápido y limpio.

JB asiente, y yo respiro profundo, recordando que cada movimiento debe ser preciso. No podemos permitir que alguien salga herido de verdad.

El viento sopla fuerte y, por un momento, todo parece en calma. Solo yo, JB y Damian, frente al caos que Topper podría causar en cualquier momento.

—Listo —susurro—. Vamos.

Nos adentramos en la noche, preparados para enfrentar a Topper y asegurarnos de que nada salga fuera de control.

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