Capítulo 4 4

—Me siento afortunada de venir a una de sus reuniones —hablo mientras camino hacia la entrada de la cabaña de Damian. Allí están él, Madison, Peter y JB—. Bueno, ¿y?

—Necesitamos un equipo de buceo —habla Damian, serio.

—¿Por qué diablos quieren un equipo de buceo? —pregunto sin entender—. ¿Van a buscar un tesoro o algo así?

Ríen con lo último, pero parece que no les causa tanta gracia.

—Eso es un tema nuestro —responde JB—. Solo queremos pedirte eso, princesa del baile.

—Primero que todo, no me gusta que me llamen princesa del baile —me cruzo de brazos y apoyo mi espalda contra la pared de la cabaña—. Y ¿por qué diablos los ayudaría si no sé qué pasa? Podría meterme en problemas.

—Te dije, Damian —le habla JB, mientras empieza a caminar hacia el auto.

—Espera, Violet —dice Damian, y me detengo, volteándome con una sonrisa—. Te lo diré, pero no ahora.

—Está bien —me acerco a él—. Papá no bucea, así que no tengo equipo, pero sé quién sí tiene.

—¿Quién? —pregunta Madison, unos metros más allá.

—Cassie, su papá tiene un equipo de buceo de primera —sonrío—. Es la única persona que lo tiene. ¿Irás, Damian?

—¿Y por qué no vas tú? —me pregunta JB, acercándose de manera amenazante.

—Oh claro —me giro hacia él—. ¿Le diré a Cassie: “Hola, necesito tu equipo de buceo para jugar”? No me va a creer. Sé que Damian trabaja en el yate de su papá, nadie se dará cuenta.

—Sí, solo serán unos segundos —habla Damian, tranquilo.

—Okey —sonrío, mirándolos—. ¿Dónde los encontramos después?

—¿Qué? —pregunta JB, soltando una pequeña risa—. Tú no irás a ningún lado con nosotros. Hace unos años estabas en tu etapa rebelde y te juntabas con Damian. ¿Crees ser una Pogue? No estás ni cerca de serlo. Eras una kook y morirás siéndolo. Lo siento, princesa del baile.

—Tú, JB, te puedes ir al diablo —le enseño el dedo del medio—. ¿Damian?

—En el muelle que está entre el bosque —responde, mientras todos lo miran mal—. En media hora.

—Hasta entonces, soldados —me llevo dos dedos a la frente y los muevo hacia adelante, como hacen en el ejército.

(…)

Miro la hora en mi reloj de muñeca, esperando que Damian no me haya mentido. Sorprendentemente, veo que el bote viene hacia aquí, con la palabra “Pogue” escrita en un costado. Peter es el único que me ofrece su mano; la tomo y subo al bote.

—Gracias —le doy una gran sonrisa, luego miro a Damian—. ¿Y?

—Ahí están —señala con un movimiento de cabeza un bolso negro en la proa.

El bote sigue avanzando un buen tiempo hasta detenerse en medio de la nada. Saco del bolso los tanques y comienzo a revisarlos.

—Completamente vacío —digo, dejándolo a un lado.

—¿Has traído tanques vacíos? —pregunta Madison, y le entrego otro—. Bien, a este le queda un cuarto, suficiente para uno.

—Me encanta cuando los planes salen de maravilla —dice JB con sarcasmo.

—¿Alguien sabe bucear? —pregunta Madison, y todos me miran.

—Nunca en mi vida lo he hecho, no es lo mío —levanto las manos en forma de defensa.

—Se supone que deberías, es deporte kook —dice JB, y ruedo los ojos.

—He leído sobre el tema —interviene Peter, tratando de alivianar el ambiente.

—Genial, has leído sobre él. Alguien moriría —dice JB con una sonrisa sarcástica, y todos asienten.

—Mira, solo pones la boquilla, respiras —explica de nuevo JB—. No será difícil, ¿no?

—Si subes rápido, el nitrógeno va a la sangre y necesitas descompresión —agrega Peter.

—Te descomprimes por… —JB hace una pose rara, intentando burlarse.

—La descompresión te mata —responde Peter, serio.

—Yo lo haré —se ofrece Damian finalmente.

—Sí, me parece bien —dice JB, llevándose las manos a la cintura.

—¿Entonces ahora eres buceador profesional? —pregunta Madison, observándolo.

—Déjame hacer unos cálculos rápidos —responde Peter, buscando una hoja—. Ese barco está a unos nueve metros, ¿no?

Todos observamos mientras Peter anota.

—Sí —responde Damian.

—Tomará 25 minutos a esa profundidad —explica Peter—. Debes hacer la parada de seguridad a unos tres metros durante dos minutos.

—Tres metros, dos minutos. Entendido —dice Damian, mientras Madison se quita la camiseta y se arroja al agua.

—¿Qué fue eso? —pregunta Damian, sorprendido.

—No sé, pero me ha gustado —dice JB, y yo ruedo los ojos, acercándome a la orilla del bote para observar.

—Bueno —dice Damian poniéndose de pie—. Cuando estés abajo, busca la bodega —le indica JB, entregándole una llave—. Metes esto adentro, gira y tira.

—Lo meto, lo giro y tiro —repite Damian.

Madison sale del agua.

—¡Oye! He atado mi camiseta a la cadena del ancla a unos tres metros —le dice—. Ahí tienes que hacer la parada de seguridad.

—Toma, vigila esto —le entrega Peter el indicador de tiempo—. Asegúrate de tener aire suficiente para descomprimir.

—¿Cuánto necesito? —pregunta Damian.

—No lo sé, respira lo menos posible —responde Peter.

—Zen, modo Zen —dice JB, haciendo una respiración extraña—. Oye, si nos atrapan aquí, básicamente estamos jodidos, así que apúrate.

—Trata de no morir, ¿sí? —le toco el hombro mientras sonrío, y él también lo hace.

Retrocedo unos pasos mientras Madison se acerca y besa su mejilla; Damian debe sentirse especial en ese momento.

—¿Buzo al agua? —le pregunta ella.

—Buzo al agua —responde él.

Damian se arroja al agua y todos tomamos asiento mientras esperamos.

—Solo una duda pequeña —le hablo a JB—. ¿Por qué estaríamos jodidos si la policía nos ve aquí?

—Lo siento, pero no es tu incumbencia —responde, cruzándose de brazos mientras está sentado.

—Oh, genial —murmuro—. Justo por eso vienen hacia aquí en este preciso momento.

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