Capítulo 5 5

—Tienen cara de haber cometido recién un crimen —les hablo mientras me pongo de pie—. Solo relájense.

—Tiene que ser una broma —susurra Peter, nervioso.

—Solo actúan con normalidad —dice Madison, cruzada de brazos.

—Ella tiene razón —hablo entre dientes, sonriendo.

—Buenas tardes, oficial —saluda JB al acercarse.

—Buenas tardes —responde el oficial, acompañado de otro—. Tomen esto.

El oficial le entrega a JB un ancla para sujetar el bote y que no se mueva. Espero que, por el bien de todos, Damian no aparezca todavía.

—¿Qué están haciendo? —pregunta el oficial—. ¿Saben que el pantano está cerrado?

—No, no sabíamos, oficial —respondo, mirando a los chicos, quienes niegan con la cabeza.

—No… —habla JB, mirándolo—. ¿Cerrado por qué?

—Estamos haciendo una búsqueda del barco hundido —nos cuenta el oficial—. ¿Vieron algo?

Diablos, ya entiendo todo.

—No, nada —respondemos todos casi al mismo tiempo.

—¿Dónde está el amigo con el que andan? —pregunta refiriéndose a Damian—. ¿Está aquí?

—Está trabajando —responde Madison.

—Voy a inspeccionar este bote —dice el oficial, cruzando hacia él.

—Sí, está bien —Peter se pone de pie inmediatamente, y yo le lanzo una mirada porque se nota que está nervioso.

Entre todos nos damos miradas mientras el oficial revisa el bote.

—¿Tienen otro chaleco? —pregunta, señalando los salvavidas.

—Sí, por supuesto —responde JB—. Está en la bodega.

—Enséñaselo —dice Madison, levantándose, ya que el chaleco está bajo un asiento.

—Sí, aquí está —lo muestra JB rápidamente.

—Muy bien —el oficial me mira y yo solo le sonrío.

Está a punto de volver a su bote, pero de repente se acerca a la orilla.

—Tenga cuidado. No querrá resbalarse —le hablo. Él solo mira el mar, como buscando algo.

Todos nos miramos nerviosos, esperando que no vea nada fuera de lo normal.

—Muy bien —se voltea hacia nosotros—.

—Sí —sonreímos.

—Muy buen día, ¿no? —pregunta mientras camina hacia su bote.

—Sí —responden los chicos al unísono.

—Avísenos si ven algo al volver —dice mientras se prepara para irse.

Dios, Damian debe estar sin oxígeno ahí abajo.

—Nos vemos muy pronto, señor —dice JB antes de que el oficial se marche.

Cuando se va, todos nos acercamos a la orilla.

—¿Se habrá quedado sin aire? —pregunta Madison, mirando el mar. Pero de repente, Damian sale a flote.

—¡Ahí está! —dice JB, y todos soltamos un suspiro de alivio.

—No nos asustes de esa manera —le dice Peter.

—¿Has encontrado algo? —pregunta JB, acercándose a la escalera mientras Damian le entrega parte del equipo de buzo que se estaba quitando.

—¿Encontrado algo? —pregunta Damian, para luego arrojar un objeto sobre el bote.

—¡Sí, eso es! ¡Ese es mi chico! —ríe JB mientras arrastra el objeto que le lanzó Damian por la cubierta.

—¿Estás bien? —pregunta Madison.

—Estás completamente loco, Damian —ríe él, subiendo al bote.

—Sí, vino la policía, pero me encargué de ella —dice Peter, y trato de ignorarlo porque no puede ser verdad.

—Oigan, se acerca alguien —habla Madison, y todos giramos la vista hacia el horizonte.

—No conozco ese yate; significa que no son de aquí —digo, mientras observo que viene directo hacia nosotros.

—¿Qué harán aquí? —pregunta Madison—. El pantano está cerrado.

—No lo sé, pero no nos quedaremos a averiguarlo —responde Damian—. JB, la bolina.

—¿Los esperamos? —pregunta Peter, mirando a Damian.

—Claro que no —responde él—. Así que a la popa.

—Se están acercando —miro a Damian, preocupada—. No entiendo qué rayos pasa.

—Chicos, no me esperen. Vamos —dice JB mientras saca la bolina.

—No me gusta nada —responde Damian, observando los movimientos.

—¿Vienen por nosotros? —pregunta Peter mientras enciende el bote.

—¡Vamos! —le decimos a Peter.

—Métete al pantano —ordena Damian.

—Eso hago —responde Peter mientras conduce.

—Tratemos de actuar normal —nos pide Madison.

Volteo la vista hacia ellos.

—Oh mierda, nos están siguiendo —les digo, asustada. Damian le cambia el lado a Peter y ahora él conduce.

—Esto pinta mal —dice Peter, junto a mí.

—¡Más rápido! —exige JB a Damian, porque los perseguidores vienen muy cerca.

Damos varias vueltas en el pantano, pero no nos dejan de seguir.

De repente, escuchamos un disparo; todos nos agachamos.

—¿Qué diablos? —pregunto desconcertada.

¿En qué diablos estoy metida?

—Vamos a morir —dice Peter, junto a mí, mientras disparan otra vez.

—¡Mierda, chicos, muévanse! —grita Madison mientras se pone de pie—. Toma la soga y la red de pesca.

—Con cuidado, Madison —digo, observándola.

Ella va hacia la parte trasera, amarra la soga con la red y la arroja al agua. Los perseguidores se detienen.

—Diablos —suspiro, apoyando mi cabeza en el bote.

Finalmente, llegamos a tierra.

—Saben… —hablo mientras me bajo—. Me gustó mucho ayudarles, pero hasta aquí llego. No sé qué diablos buscan que valga tanto como para que unos hombres les disparen.

—¿Estás bien, Violet? —pregunta Damian mientras camino por el puente.

—Sí, pero sigan solos con su maldito plan porque no quiero que me asesinen —digo, tratando de llegar lo más rápido a mi auto—. Y no se preocupen, no le diré a nadie. Adiós, chicos.

Me subo al auto, acerco un gran suspiro y apoyo la frente en el volante, sintiendo cómo la adrenalina de la persecución lentamente me abandona.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo