Capítulo 6 6
—Repíteme, ¿por qué estamos aquí? —dice Patrick mientras revisa los residuos en la arena.
—Porque creo que somos un ejemplo de chicos responsables en Masonborough —rio mientras recojo también basura de la playa.
—Esto es odioso —responde Patrick, sentándose en la arena—. Entonces John B está…
—Cállate —le doy un golpe en la pierna y él se queja—. Te dije que era un secreto. Además, fue un día tan loco que no quiero volver a recordarlo.
—Golpeas bastante fuerte para ser una chica —se toca la pierna—. Todavía recuerdo cuando te escapabas y te juntabas con él, recorrían todo el otro lado de la isla. Tu padre te buscaba como un loco.
—Cállate. Mejor vamos con los chicos —me pongo de pie y Patrick se levanta conmigo. Caminamos hacia Madison y los demás.
—Hola —le sonrío a ella y a Topper.
—Se ven sedientos —nos ofrece Kelce una botella que parece jugo, aunque sé bien lo que contiene.
—Vaya, ¿qué tenemos aquí? —dice Topper, recibiendo la botella y olfateándola—. ¡Dios mío!
Topper le da un buen trago.
—Eso es, así se hace —lo felicita Kelce.
—Ten, Madison —Topper le entrega la botella, ella toma un pequeño sorbo.
—¿Qué le has puesto? —pregunto con una sonrisa, mientras Madison le da un trago más grande y luego me la pasa a mí.
Primero lo huelo y luego doy un sorbo.
—¡Dios, debiste ponerle todo lo que encontraste! —estoy a punto de darle otro trago, pero Wheezie, la hermana de Madison, me lo quita de las manos y lo toma.
—Oye —dicen los chicos, y Madison se lo quita rápidamente.
—¿Desde cuándo tu hermana bebe? —pregunta Madison, sorprendida.
—Desde hoy —responde Wheezie con una sonrisa traviesa.
—¿Tienen todo bajo control? —pregunta el encargado que aparece de repente.
—Sí, señor, todo está bien —responde Topper mientras Kelce guarda el “jugo”.
—Solo paramos a beber algo. Qué lástima que yo no alcancé —susurra Patrick.
—Eres un ejemplo a seguir, Patrick —bromeo mientras vuelvo a recoger los desechos.
—Sigan así —nos dice el encargado antes de marcharse.
—Hoy hay fiesta en la casa de Josh —nos cuenta Kelce—. ¿Vendrán?
—Cuenta conmigo —responde Topper rápidamente—. ¿Y ustedes, Madison, Vi?
—Papá no estará hoy en casa, así que cuenten conmigo —digo, tomando asiento en la arena. Topper mira a Madison.
—Encontraré la forma de ir —sonríe Madison, tomando asiento a mi lado.
—Cuenten conmigo —Patrick choca los cinco con Kelce.
Después de media hora, por fin terminamos de limpiar la playa.
—Todos al círculo —nos llama el encargado, y nos posicionamos formando un círculo. A mi derecha está Madison y a mi izquierda Patrick.
—Un momento, amigos, para agradecer nuestras bendiciones —habla otro encargado desde el centro—. Al gran Kahuna, gracias por la oportunidad de venir…
Miro a Patrick, tratando de aguantar la risa; Madison también sonríe.
—…y por devolverle a Masonborough su antigua gloria, amén —continúa, mientras nos soltamos las manos.
—Vamos, Vi —me habla Patrick mientras caminamos hacia la orilla del mar—. Disfrutemos esto.
Camino hacia él y me subo a su espalda.
—¿No es lindo el mar? —pregunta mientras me carga.
—Igual que tú —bromeo, apretándole las mejillas.
—Me siento halagado, viniendo de ti, pero no soy tu tipo —dice, y me bajo de su espalda. Caminamos juntos por la arena.
—¿Y cómo lo sabes? —pregunto con una sonrisa, mientras trato de controlar mi cabello rebelde por el viento.
—Porque te conozco de toda la vida, Vi —me mira—. Eres como una hermana para mí. He estado contigo en tus peores y mejores momentos.
—¿Y cuál es mi tipo, señor experto? —pregunto, cruzándome de brazos.
—Alguien que te haga sentir perdida y vuele tu mente —responde, sonriendo—. Que también te haga apreciar cada segundo de tu vida y te vuelva loca, en el buen sentido.
—Lo que digas —asiento con una sonrisa, dándole un pequeño golpe—. Mejor vámonos.
Caminamos hacia su auto para regresar a casa.
Me miro por última vez en el espejo. Traigo un vestido corto rojo, de tirantes, con un traje debajo del mismo color. Es sencillo, pero elegante, y me hace ver diferente. Nancy se había ido hace rato, estoy sola en casa.
Me acerco a mi mueble y tomo mi teléfono. Por Dios, es tarde. Tomo mis cosas con prisa, cierro la puerta de mi habitación y bajo a la planta baja. Afuera, Patrick debe estar esperándome.
—Ya era hora —dice, mirando el reloj en su muñeca—. ¿Por qué te tardaste tanto?
—Me quedé dormida, desperté hace poco —respondo mientras subo al auto.
Él introduce la llave, aprieta el acelerador y conduce hasta su casa, unas cuadras más allá. La música se escucha hasta afuera y la puerta está abierta.
—Vamos —hace un gesto con la cabeza, bajando del auto. Mientras caminamos hacia adentro, me pasa su brazo alrededor del cuello, en un abrazo suave.
