Capítulo 54 54. Pablo.

Apenas cruzo la puerta del bufete, todavía con la piel tibia por lo que hicimos los tres anoche —y con esa sonrisa peligrosa que sé que no debería llevar al trabajo pero que no puedo evitar— cuando veo a mi secretaria completamente desencajada, como si no supiera cómo darme la noticia sin desmayarse...

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