Capítulo 66

Coloqué cuidadosamente la taza de cerámica en el banco de madera desgastado, su superficie fría calmando mi palma. Con una determinación enfocada, dirigí mi atención a la tarea en cuestión. El acónito, mi única arma contra la amenaza inminente, necesitaba ser utilizado sabiamente. El acónito era con...

Inicia sesión y continúa leyendo