Compromisos silenciosos

Zara yacía en el sofá mullido, su tobillo apoyado en una almohada, con el tenue aroma de hierbas aún impregnado en su piel por el cataplasma de Taro. El aire de la tarde, suave y salado, traía el sonido de las olas rompiendo suavemente contra la orilla. Le habían indicado que descansara, pero su men...

Inicia sesión y continúa leyendo