Capítulo 11
Empecé a toser en medio de clase, seguro por no haberme quitado la ropa mojada. En cuanto terminó la clase, Carlos se acercó a mi pupitre. Levanté la cabeza y le solté un: "¿Qué pasa?"
Sin avisar, me tiró del cuello y terminó pegando su frente con la mía. Me incomodó un montón ese gesto tan inesperado. Lo empujé y le pregunté: "¿Qué haces...?"
No me dio ni bola. Volvió a su asiento y empezó a hurgar en su mochila. Al cabo de un rato, se me acercó y me enseñó la palma de la mano. Le dije: "¿Y ahora qué?"
"Tomate esto", me dijo.
"¿Y por qué debería?"
"Si querés saber la razón, tomátelo", contestó.
"No necesito explicaciones".
Empezó a farfullar palabras sin sentido. Solo lo miraba. El profesor ni apareció y este hablaba sin parar. Como no se callaba más, me tomé la medicina de una. Ahí recién se quedó en silencio.
"Vi que tenías la cara toda roja, te sentí la temperatura y por eso te di la medicina. Perdón por tocarte sin avisar."
Yo ya no quería seguir esa charla. En ese momento apareció el profe, así que aproveché y dije: "Está bien. Ya podés volver."
No dijo nada, solo regresó a su lugar.
Escuché un murmullo por ahí: "Mirála. Te lo dije, es una cualquiera y está coqueteando con nuestro galán."
Otra voz comentó: "¿Sabías que sacaron a Mia del cole y ella anda diciendo que Risa tiene un sugar daddy?"
Una tercera agregó: "Sí, yo también lo oí."
Ah, claro. Seguro es por el drama de ayer. Por eso ahora andan susurrando y tirándome indirectas.
Pero sus palabras no me van a afectar.
El tiempo fue pasando.
En cuanto sonó la campana final, salí volando del edificio.
Me subí al auto y me fui derecho a casa.
Al llegar, vi que papá estaba.
Si entro ahora, seguro me empieza con el interrogatorio. No tengo ánimos ni respuestas para eso. Así que pensé en zafar quedándome un rato en el centro de cuidado.
Hoy estaba libre de trabajo, así que podía darme el gusto.
Estuve jugando con los gatitos más de dos horas…
Ya de vuelta en casa, me escondí tras una columna para asomar y ver si papá seguía abajo. No lo vi por ningún lado. Suspiré, aliviada. Justo cuando me giré, ahí estaba él, parado frente a mí. Me sorprendí tanto que casi me sale un grito, pero me controlé y tartamudeé: "H-ho... p-papá... ch-chau, papá".
Papá tenía cara de que iba a decir algo importante, pero no le di chance. Corrí a la cocina, agarré unos snacks, y me escapé a mi cuarto. Cerré la puerta y le puse llave. Me senté en la cama. Al rato, me pegué una ducha relax, me puse en mi escritorio y arranqué con mi Wacom MobileStudio Pro... No tenía trabajo, pero tampoco sabia quedarme sin hacer nada. Mientras picaba algo, terminé la tarea a la una de la mañana. Ahí sí, me tiré a dormir...
Al fin era domingo...
Estaba parada frente al espejo.
"¡Lista para salir!" exclamé.
Al llegar al living, vi a papá. Vaya sorpresa. Después de dos meses, decidió quedarse en casa un día.
Le dije: "Hola, papá".
Y pregunté: "¿Dónde están mi hermano y la tía?"
Él me respondió: "Buen día, niña. Después te contamos".
"Siempre que pregunto algo, salen con el clásico imitando ‘después te contamos’".
"No le hagas preguntas bobas a un viejo."
Y bla, bla... Siempre la misma.
¿Y ahora qué hago...?
Suspiro
Ya está más que claro que me ocultan algo.
