Capítulo 6

Alex salió de una de sus habitaciones después de saciarse y echar a la chica que estaba con él. Así es él, sin complicaciones. No porque sea adicto, sino porque ninguna mujer le dura. Para él, todas son pasajeras: ni su familia tiene un lugar fijo en su vida.

Nadie realmente sabe quién es. Para el mundo, es un empresario exitoso. Pero en la sombra, lo llaman el rey de la muerte. Lo único que realmente le interesa: poder y dinero.

Y es capaz de hacer lo que sea para lograrlo. Lo ha buscado desde pequeño y ha entregado su vida entera para dominar el mundo desde lo alto.

Humanidad o amor, son palabras que ni existen en su vocabulario. Solo tiene espacio para cuidar a una persona: su hermana. Con ella es la excepción.

Pero si pone algo en la mira, lo consigue. Cueste lo que cueste.

Recibió un mensaje: atacaron una de sus bases. ¿Quién se atrevió? Hasta ahora nunca nadie había podido encontrarla.

Alex siempre ha cuidado hasta el mínimo detalle, ocultando su identidad y manteniendo sus planes bien bajo llave. Cualquier error puede volverse un punto débil. Ya tiene suficientes enemigos encima como para sumar una falla.

Fue directo al lugar y vio a su mano derecha asistiendo a los heridos. Le pidió un informe. Le contaron lo ocurrido y que uno de los enemigos cayó en sus manos.

“Buen trabajo,” dijo sin inmutarse.

Alex se acercó al tipo detenido y fue al grano: “¿Quién te mandó?” El hombre no soltó ni una palabra.

¡Bang! Sin pensarlo, le voló la cabeza.

“No habla, entonces no sirve”, murmuró mientras se guardaba el arma.

Luego de repartir más instrucciones, Alex se marchó.

Ya en camino, se cruzó con una moto.

Salió del auto en cuanto notó lo que había pasado.

Fue entonces cuando se dio cuenta… esto era una trampa.

¡Bang!

Se llevó la mano al pecho, sus dedos se mancharon de rojo.

Tenía una bala.

Alzó la cabeza y vio al biker, tirado en el pavimento, con el arma aún apuntando.

Volvió al coche como pudo y aceleró.

Por el retrovisor vio que otro auto venía tras él.

No estaba en condiciones de enfrentarlos, así que pisó aún más fuerte el acelerador.

Tras unos minutos, el coche que lo perseguía desapareció de vista.

Intentó frenar… Pero nada. Los frenos estaban dañados.

Rumbo al hospital, marcó a Martin. En medio de la llamada, justo al frente vio a una niña en mitad del camino.

Giro de emergencia.

¡Bang!

Un rato después, abrió los ojos y vio a la niña llorando y gritando en la avenida.

“Hey… chica… ¿por qué gritas?... no… no te hice nada… entonces… ¿por qué tanto escándalo…?”

Ella frunció el ceño con fastidio y le gritó:

“Idiota. Aunque me atropelles, salgo caminando igual. Y si me vuelves a decir niña, te dejo sin dientes.”

"¿Entonces cuál es tu rollo?"

Él levantó la cabeza y le vio el rostro.

Se quedó helado.

Era ella.

Y entonces todo se puso oscuro. Su cuerpo cayó nuevamente.

Alex abrió los ojos... estaba en el hospital.

Vio las noticias en la tele y supo que llevaba 4 días inconsciente.

Tres días de trabajo a la basura.

Oyó pasos. Entraron su secretaria y un doctor.

“De no ser por su fuerza de voluntad, habría quedado en coma. Tal vez pueda ponerse en pie en unas horas, quizá días. No hay que preocuparse,” explicó el médico.

“Gracias por cuidarlo, doctor,” dijo la secretaria.

“Él es quien se cuidó a sí mismo,” respondió el doctor antes de marcharse.

Ella se acercó, casi en lágrimas:

“Cielo, menos mal que despertaste. Me tenías muy asustada. No sabes cómo lloré…”

Era una de sus tantas aventuras pasajeras.

“Llámame jefe. Cuéntame qué pasó durante estos 4 días.”

Ella le resumió todo lo que sucedió en la empresa.

Le preguntó por el accidente.

Alex recordó de inmediato a la chica mal hablada del otro día.

Qué genio tiene.

Era ella. La misma que vio cuatro años atrás.

Mientras pensaba en eso, sus pensamientos fueron hechos trizas con la voz de su secretaria:

“¿En qué piensas, jefe?”

“En nada. Vámonos a la empresa.”

Ella quiso replicar, pero al ver su expresión se rindió y solo asintió.

Ya en su oficina, Alex vio que ya era mediodía.

Llamó a Steven, su asistente.

“Consígueme todo lo que haya sobre una chica. Tienes una hora.”

El recuerdo de las palabras de esa chica le molestaba.

Él, una figura poderosa, respetada, deseada...

Nadie se atrevía a levantarle la voz.

Y ella... una completa desconocida...

Ahora solo podía pensar en eso.

“No importa cómo ni cuándo... te voy a encontrar. Y serás mía.”

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