Capítulo 7

Después de terminar todo mi trabajo, caí rendida y me dormí enseguida.

Pasaron tres días… y Rose ni apareció para armar drama, simplemente vino a platicar como si nada. Se nota que esa chava conoce bien a su novio y no se anda con ideas raras. Al parecer, su relación va muy bien, cero malentendidos.

Como siempre, estaba poniendo atención en clase. En cuanto llegó el recreo, me fui al jardín botánico atrás del comedor, me senté en una banca y me puse los audífonos para escuchar música. En eso, mientras le daba play a mi playlist, escuché que alguien decía mi nombre. Me volteé y vi que era Mia, otra de mis amigas. Justo ayer estuve con su novio.

Seguramente venía a encararme. Ay Dios, esta bomba sí que explotó en el momento justo. Pero antes de que pudiera abrir la boca para justificarme o llorar, ella empezó con todo, gritando entre sollozos. Me quedé callada, aguantando la letanía. Después de unos 15 minutos, se quedó callada por fin.

Le acaricié la espalda y le dije: “No tenía idea de que era tu novio. Él fue quien me llamó, dijo que quería hablar conmigo en persona. Ahí fue cuando me soltó que estaba enamorado de mí. Por eso fui”.

Pero no paró de chillar ni escuchándome… Me empezó a alterar, así que mejor me di la vuelta y regresé al salón, muy confundida.

¿Cómo se enteró de que era yo? Ni siquiera le mandé la foto donde salgo con su novio. Solo existía una imagen donde aparecían nuestras sombras. Con esa no se puede saber quiénes somos exactamente.

¿Será que su amiga le dijo algo? No me cuadra. Algo anda raro. Entré al aula sintiéndome inquieta.

Cuando acabó la clase, Mia se me acercó y me soltó: “Perdón, te juzgué sin saber. Me equivoqué, y para compensarlo quiero invitarte hoy a mi fiesta. Pero porfa no me digas que no; si lo haces, voy a pensar que sí saliste con mi novio”.

Justo estaba por decirle algo cuando vi a Carlos mirándome desde su lugar. Me hizo una seña como de “no vayas”.

Me molesté. ¿Qué le pasa? ¿Por qué tanto interés? Sentí una punzada de enojo y volví a ver a Mia como si él no existiera. Le respondí: “Claro, mándame la dirección”. Ella sonrió y dijo: “Genial, te la envío”.

Salimos de la uni, y cada quien se fue por su lado al llegar al estacionamiento. Yo me fui directo a mi casa. Como siempre, la casa estaba vacía, solo quedaba la servidumbre. Me alisté y salí rumbo al lugar que Mia me escribió.

Apenas entré al sitio, noté que la mitad de mi grupo estaba ahí, y también los de la clase de Mia. La fiesta estuvo buena, bailamos y nos divertimos. En eso, entre la gente, vi a Carlos. Su cara era un poema de preocupación. Pasé. No le di importancia y me puse a beber.

Me pasé un poco de copas, así que le dije a Mia que ya me iba. Ella dijo: “Te acompaño, no quiero que te pierdas o algo”.

Estuve por rechazarla, pero estaba mareada. Mejor no arriesgarme sola. Le dije “vale”, y ella me tomó de la mano para salir. Aun estaba consciente de lo que pasaba a mi alrededor.

Vi hacia dónde íbamos y algo no me cuadraba. Le pregunté: “¿A dónde me llevas?”. Pero ella ni me peló. Seguimos caminando por otro camino… eso parecía. No dije nada más.

Al llegar al fondo del lugar, vi el entorno. Ya estábamos fuera del edificio. Frente a nosotras, había varios chicos y… Rose.

¿Rose? Esto huele raro. ¿Nos estaban esperando?

Me sentí rarísimo, y cuando iba a dar media vuelta, Mia me apretó la mano y me soltó: “¿A dónde crees que vas, zorra?”.

Ups. Esto se está poniendo feo. Le dije: “Parece que te esperan para platicar, así que te dejo espacio”.

Intenté soltarme, pero no me dejaba. Le dije: “¿Qué rayos haces?”.

Ella me soltó una mirada de odio y dijo: “Perra, con tu cara bonita y ese cuerpazo, te metiste entre mi novio y yo”.

Y luego agregó: “Hoy, Rose y yo vamos a dejar que todos te conozcan como realmente eres. A ver si mañana alguien más se atreve a gustarte”. Luego empezó a reírse toda maquiavélica.

Señaló a los chicos y Rose, dándoles luz verde.

Yo no sabía qué hacer. Me tenía atrapada, sin chance de moverme. Pero de repente sentí que alguien me jaló y logré soltarme. Caí directo en brazos de alguien… Miré hacia arriba: era Carlos.

Me separé de él enseguida. Apenas tuve fuerzas para decir: “Gracias por ayudarme”. Él parecía querer decir algo, pero sin esperar a que hablara, me fui. Ni volteé.

Caminé hasta el estacionamiento, me quedé un rato al lado de mi auto mirando el cielo. Sentí paz por primera vez en el día.

Me quedé ahí como diez minutos, luego me subí al coche. Curiosamente, no me aterraba tanto como cuando casi tengo un accidente. Pero lo de hoy... fue otra cosa.

Me sentía como si estuviera muriendo por dentro. Ya no quiero pasar por esto otra vez.

No quiero sentir ese vacío otra vez.

Los recuerdos me golpeaban duro. Esos cuatro días que pasaron fueron el infierno.

Cuando volví en mí, puse manos al volante y empecé a conducir hacia casa.

Mientras manejaba, sentí que vi a alguien... una silueta conocida. ¿Será el chico del accidente? Giré la dirección y traté de buscarlo.

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