Capítulo 8

Perspectiva de Risa

Pero fue inútil.

Así que subí directo a mi cuarto. Tomé mi cel y la laptop. Llamé a mi secretario, el Sr. Edmin. Contestó a los pocos minutos, pero ni lo dejé hablar.

Solté: “Quiero que el grupo Lewiston quiebre para mañana”. Y colgué sin más ni más.

Abrí la computadora y empecé a reventar su sistema. Me metí hasta las entrañas de la empresa. En minutos, conseguí pruebas de sus actos ilegales.

Mia, pensaste que no tenía con qué defenderme. Que estaba sola. Mañana te voy a enseñar quién soy en realidad.

Sonreí con satis… sí, como si tocara el cielo.

Llamé de nuevo al Sr. Edmin: “Ya tengo pruebas de lo que han hecho. Te las mandé al correo. Quiero que todo eso esté en la red mañana, con la noticia de que están en bancarrota”.

Ya iba a colgar, cuando me interrumpió: “No cuelgue todavía, señora”.

Le pregunté: “¿Qué sucede, Sr. Edmin?”.

Me dijo que alguien estaba intentando sacar info sobre mí.

Le contesté sin dudar: “Ya sabes qué hacer. Esa persona no puede saber nada de mí. ¿Entendido?”.

“Sí, señora. ¿Le interesa saber quién es?”.

“Eso no me sirve”, respondí seca.

“Entendido, señora”, dijo. Corté.

Ya eran las 11:00 p.m. Me salí por la ventana y fui caminando al parque que queda cerca de mi casa. Me senté en el columpio.

Me puse a mirar el cielo y, sin querer, los recuerdos del pasado empezaron a invadir mi cabeza como una avalancha.

Sin darme cuenta, ya estaba llorando.

¿Por qué a mí? ¿Por qué sólo a mí…?

Seguía pensando en eso y, sin más, me quedé dormida sobre el columpio.

Horas más tarde, sentí algo sobre mi regazo. Abrí los ojos: una chaqueta de hombre. Por el estilo y el olor, definitivamente era de Carlos. Él la traía hoy.

Miré la hora: 1:30 a.m. No le di muchas vueltas. Dejé la chaqueta sobre el columpio y caminé de regreso a casa.

Entré a mi cuarto y me metí directo a la cama a dormir.

En la mansión Lewiston

Ring… ring…

El Sr. Lewiston contestó la llamada y gritó: “¿¡Por qué llamas tan tarde!?”

Su asistente dudó unos segundos antes de hablar: “Señor… pasó algo grave en la empresa…”

“¿Qué pasó?”, preguntó de inmediato el Sr. Lewiston.

“El precio de nuestras acciones se está desplomando. Si así sigue hasta mañana, tendremos que vaciar nuestras reservas para evitar quebrar”.

“¿Y saben quién fue?”, gritó furioso.

“No, señor. No logramos rastrear quién lo hizo…”.

“¡Son todos unos inútiles!”.

“Y algo más, señor… Alguien se metió en el sistema de la empresa y robó toda la información”.

El Sr. Lewiston se quedó pasmado: “¿¡Cuándo ocurrió eso!? Nuestra seguridad es de las mejores, ni los hackers más pesados pueden con nosotros”.

“Pasó antes de que las acciones empezaran a caer. Y no pudimos rastrear la entrada”.

Cortó la llamada, salió de su cuarto rápido y se fue directo a golpear puertas.

Él bien sabía que cuando ocurre algo feo en la empresa o en la casa, su hija seguro está metida.

Después de unos minutos, su hija abrió la puerta y se frotaba los ojos.

“¿Qué pasó, papá?”, preguntó.

“Mia, ¿tú mandaste a un grupo de chicos para atacar a alguien?”.

“Sí, y qué con eso, papá?”.

“¿Tienes idea de contra quién lo hiciste?”.

“¿Por qué lo dices, papá?”.

“Nos acaban de atacar”.

“¿¡Qué!? ¿Cómo que nos atacaron?”.

“Dame inmediatamente el número de esa chica. Tengo que hablar con ella”.

“Pero, papá… ella no tiene a nadie que la respalde… bueno, tal vez Carlos Carson, pero dudo que él tenga el poder para hacer algo así”.

“¡Qué ingenua eres! Siempre tú metiendo a la familia en líos”, gritó el padre.

Mia rompió en llanto: “Papá, siempre me estás culpando. ¡Si ella fue la que empezó todo!”.

“Perdón, hija… como padre no debí decirte eso…”

Pero ya era tarde. Lo hecho, hecho estaba. La empresa no sobrevivió el golpe y al final se declaró en quiebra.

Las pruebas de sus delitos salieron a flote en internet y el escándalo arruinó a la familia.

Todos acabaron arrestados… menos Mia y su madre.

Perspectiva de Risa

Otra vez desperté con ese mismo sueño, aunque algo fue diferente esta vez. Eran las 6:00 a.m. Me levanté y me metí al baño; hice mi rutina como siempre.

Antes de salir, vi un mensaje del Sr. Edmin.

--Señora, cumplí con lo que me pidió. Puede ver las noticias. Si hay algo que mejorar, aceptaré cualquier corrección.

La verdad, rara vez me interesa revisar las noticias. No siempre estoy al tanto de lo que pasa en el mundo empresarial.

Pero esta vez, después de verlas, me sentí satisfecha.

Así que sólo le contesté:

--Bien

Después cerré el chat, salí del cuarto y una vez más… casa vacía.

¿Será que mi familia está tramando algo escondidas?

Esa duda empezó a incomodarme por dentro…

Capítulo anterior
Siguiente capítulo