Hasta la última gota

Eso fue cuando lo sentí. Un cambio sutil. Una tensión en cada músculo apretado contra mí. Un gruñido bajo y amenazante retumbó en lo profundo de su pecho, un sonido completamente salvaje y totalmente protector.

—Quédate quieta— ordenó, su voz un susurro ronco que apenas era humano.

Mi propia respi...

Inicia sesión y continúa leyendo