Soy tuyo para que lo uses

Billy Hamilton

—Te dije que te pusieras de rodillas, Gwen. Ahora.

Sus ojos brillaron con ese fuego familiar, un desafío que estaba más que dispuesto a extinguir. Pero debajo de la rebeldía, podía olerlo. El aroma agudo y dulce de su sumisión, enterrado bajo capas de orgullo obstinado. Era lo m...

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