Capítulo veintitrés

Él se paró frente a ella, tan cerca que sus respiraciones se entrelazaban. Su pecho subía contra el de ella con cada inhalación, cada exhalación, arrastrándola a su ritmo. La miraba hacia abajo como un depredador acorralando a su presa.

—¿Tienes hambre? —Su voz era baja y peligrosa.

Ella negó con ...

Inicia sesión y continúa leyendo