Capítulo treinta y cuatro

Mientras la besaba, Mirabella se entregó fácilmente, sus labios se abrieron bajo su boca imponente. El beso no era suave, ni tampoco tierno. Era salvaje, exigente, ardiente—una oleada abrumadora de dominio se vertía en su boca. Sus labios se presionaban con fuerza contra los de ella, como si quisier...

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