Capítulo treinta y cinco

Los ojos de Hunter se mantuvieron fijos en Mirabella mientras sus dedos temblorosos alcanzaban el borde de su camisa. Su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo. Levantó la camisa lentamente, sus yemas rozando su duro abdomen a medida que la tela subía. Su piel estaba c...

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