Capítulo cincuenta y siete

Oh Dios. Ella realmente le estaba sacando de quicio. Podría hacerle tantas cosas en este momento para someterla. Para hacerla doblarse, para hacerla hacer lo que él quería al instante. Lo más importante, él estaba malditamente caliente y duro—y necesitaba alivio. Solo mirarla hacía que su sangre hir...

Inicia sesión y continúa leyendo