Capítulo setenta y cinco

—Aria lo tomó mejor de lo que pensé —dijo Mirabella en voz baja, cepillando su cabello frente al espejo.

Ya era hora de dormir. La suave luz tenue de las bombillas de la pared hacía que el dormitorio se sintiera cálido y acogedor. Beverly se había ido a casa hace una hora. Era bueno que su casa est...

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