Chica sin corazón

Rachel

Ha pasado un mes desde que dejé Seattle, prácticamente huyendo. Aproveché que Kael Graham, ese tonto, estaba de viaje en Londres. Usó la excusa de adquirir un equipo de Fórmula Uno, pero la verdad es que estaba locamente enamorado de mi ingenua hermana y se inventaba cualquier excusa para es...

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