Capítulo 108

El viaje en coche hacia la casa de la manada se sentía como una procesión fúnebre, lento y sofocante. Mi madrastra, Sarah, se sentaba a mi lado, acicalándose como si ella fuera a ser nombrada Luna. Había pasado toda la mañana arreglándome, cepillando mi cabello salvaje hasta que brillara y obligán...

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