Capítulo 125

Estaba sentada en mi habitación, mirando fijamente la pared, el pesado silencio oprimiéndome. Mis ojos ardían de tanto llorar, me dolía la garganta y mi lobo gemía débilmente en el fondo de mi mente.

Un golpe fuerte rompió el silencio.

—¡Ayla, abre la puerta! —la voz de Sophie era firme, teñida de...

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