Día uno de Heat

Ayla

No sé cuántas veces hoy volví a la deriva a mi nido, con los dedos temblorosos mientras enderezaba cada almohada, esponjaba cada manta y reacomodaba los pliegues suaves hasta que el espacio se sintió correcto: seguro, cerrado, con olor a hogar.

Mis instintos de omega no me dejaban descansar. ...

Inicia sesión y continúa leyendo