Capítulo 52 El veneno de la ambición

Sara los miró con una furia helada, despojada de cualquier vestigio de compasión o duda. Sus ojos, enrojecidos por el cansancio de la huida, resplandecían ahora con la frialdad de quien ha comprendido que la lealtad es solo un lujo para los ilusos.

—Quédate atrás, Tyler. Ya no me sirves —le espet...

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