Capítulo 58 El peso de la herencia

Maximilian le susurro al oído.

—No hay cámaras aquí, Anna. No hay un directivo al que convencer ni un contrato que cumplir —se inclinó más hacia ella mientras su pulgar acariciaba con extrema suavidad el borde de sus labios—. Ya no hay cláusulas entre nosotros.

Antes de que ella pudiera articular...

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