Capítulo 40 El quiebre del hielo

El invierno en Canelones no daba tregua. El viento golpeaba con fuerza las ventanas del despacho, pero adentro la tensión que se respiraba no tenía nada que ver con el frío. Sofía estaba frente a la computadora, con los ojos fijos en un correo electrónico que acababa de entrar al sistema de la bodeg...

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