Capítulo 20 20

Cuanto más rápido mueve los dedos sobre su clítoris, más rebotan sus pechos carnosos. Su cabello oscuro se esparce por mis sábanas de algodón egipcio, un marcado contraste con el blanco inmaculado. Parece una maldita pintura que ha cobrado vida.

—Juega con tus pezones para mí.

Su mano libre aterri...

Inicia sesión y continúa leyendo