Capítulo 47 47

—¿Sí, señor Oryolov? —pregunto con inocencia.

Esos ojos ámbar me queman el rostro, pero me niego a bajar la mirada. Si quiere rechazarme, lo aceptaré como una mujer adulta con algo de dignidad.

Aprieta la mandíbula y sus dedos se cierran con fuerza sobre los míos.

—Esta no es una buena idea.

Mi d...

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