Abrazando el destino

La noche estaba inusualmente tranquila, un silencio que colgaba pesado en el aire, presionando sobre mi pecho. Me paré junto a la ventana, mirando las montañas distantes, sus picos bañados en la luz plateada de la luna. A pesar de la belleza de la escena, una inquietud me carcomía, un susurro persis...

Inicia sesión y continúa leyendo